viernes, 11 de marzo de 2016

Escribiendo que es gerundio...


A la hora de empezar a escribir, lo mas importante es planificar. La idea romántica de sentarse frente al teclado y sacar una historia completa, como el que estira del rollo de papel higiénico del lavabo, tiene mas o menos ese mismo valor. Puede ser una idea válida si lo que se quiere escribir es un relato corto, pero cuando te planteas un proyecto con cara y ojos, la planificación es tu amiga.

Si lo pensais es algo lógico. Vas a narrar una estructura narrativa amplia, por tanto has de saber de donde sales y a donde pretendes llegar. Y como en el camino querras nombrar determinadas cosas, mas te vale tenerlas preparadas de antemano, o en vez de avanzar con tu trabajo de escritura, estarás deteniéndote cada dos por tres.

Por ejemplo, digamos que en un momento dado de tu historia vas a describir una presa. Si haces los deberes bien hechos, tendras preparadas fotos de la presa en cuestion, o tendrás notas tomadas de lo que quieres describir. Cuando llegues a ese punto de la historia usarás esas notas, esas imágenes, para poder narrar bien lo que pretendes explicar. Y sobre todo, sin perder ritmo de escritura.

Muchos autores usan programas especificos para esto. Programas que permiten dividir la historia en capitulos y en escenas, que permiten tener recursos narrativos o visuales guardados. Y son herramientas útiles. Por ejemplo Scrivener es una de ellas, que por dos duros mal contados te hace la faena.



Sin embargo, llamarme anticuado, a mi me gusta trabajar mas con papel. Me gusta escribir notas de las cosas que investigo, en mi fase de documentar la historia, antes de empezar a escribir. Y normalmente acaban esas notas colgando de una pared forrada de corcho. Y tengo carpetas conteniendo, impresas, notas de sitios, de acciones, imágenes o referencias que voy a necesitar. Y mientras escribo voy usando y eliminando esa información según la precise. Y sigo eliminando porque aunque la planificación es tu amiga... no puedes impedir que fluya la magia a veces. Esa magia que hace que, en mitad de tu relato, un personaje se empeñe en ir en una dirección distinta a la que tu quieres.

Y a veces, es bueno hacerle caso...